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Isla de Skye y el problema de no planificar el turismo

La isla de Skye se considera uno de los lugares más bellos de Reino Unido, pero en los últimos años ha surgido un problema relacionado con el elevado número de turistas que desean visitar la isla, especialmente en temporada alta (junio, julio y agosto).

Se trata de una pequeña isla en la costa oeste de Escocia, de tan sólo 10.000 habitantes, de los que un tercio hablan la lengua propia de Escocia, el gaélico aunque lamentablemente el idioma se está perdiendo y se considera que el excesivo turismo en la isla está contribuyendo a ello.

Es complicado medir la cantidad de turistas que han entrado a la isla, ya que en las estadísticas oficiales del organismo oficial de turismo en Escocia (VisitScotland), la isla se engloba dentro del condado de “Highlands” y por lo tanto, no existen estadísticas públicas especificas. Sin embargo, el malestar que está causando el turismo en la población de la isla podría dedudirse de las declaraciones de los locales en los medios.

Los motivos que llevan al descontento de los locales son, fundamentalmente, los siguientes:

1.Falta de planificación.

2. Inexistencia de estudios sobre la capacidad de carga de la isla.

3. Carreteras destrozadas por el aumento desmesurado de turistas en coches de alquiler o autobuses turísticos que circulan por carreteras no preparadas para soportar ese peso.

4. Turistas en coches de alquiler que provocan situaciones de caos por diversos motivos:

  • al aparcar en ensanchamientos preparados para permitir que fluya el tráfico en carreteras estrechas.
  • Turistas en coches de alquiler que circular en sentido contrario al despistarse, o que vuelcan los coches al intentar circular por carreteras estrechas.
  • Turistas que orinan y dejan sus desechos en cualquier parte de la isla, empujados por la falta de baños públicos y que a su vez se deriva del descontrol y la nula planificación turística.

5. Aumento de basura en las carreteras, pueblos y zonas naturales de la isla

6. Zonas naturales con un alto valor ecológico y paisajístico se están inundando de turistas poco respetuosos con el entorno (llevarse piedras de recuerdo, mover piedras para formar pilas, arrancar la flora, molestar a la fauna de la isla para sacar la foto perfecta…).

La problemática de la sobrecarga en Machu Picchu

El Santuario Nacional de Mchu Picchu, construído por los incas en las cumbres andinas de Perú, es el principal recurso turístico de Perú y una de las grandes maravillas del mundo.  Tanto es su éxito que en vez de favorecerle ha terminado por ser una verdadera problemática. Los límites de su capacidad de carga se estipularon  en el Plan Maestro 2005-2015, que estableció las normas de su conservación y uso público de acuerdo a las normas de la UNESCO  y la legislación nacional de Perú sobre manejo del Patrimonio. En este plan se fijaba una capacidad de acogida máxima de 2.500 visitantes al día.

Bien, esta capacidad de carga máxima de 2.500 visitantes al día, se vió superada alrededor de 1.000 ingresos más por día debido al alza del flujo turístico y sin que las autoridades encargadas de su protección y preservación hagan algo para evitarlo. Por ello, la Dirección Regional de Cultura de Cusco abrió dos nuevas rutas de acceso, lo que permite el acceso de 3.300 visitantes por día.

Se confirmó que las autoridades encargadas “forzaron” el ingreso de hasta 1.300 visitantes más por día por la sobredemanda, que no podían afectar a la imagen del turismo puesto que muchos visitantes incluso tomaron el puente Ruinas en protesta por falta de boletos de ingreso.

Dada esta situación cabe alertar de los graves errores que pueden precipitar al deterioro irreparable de este Icono Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad: transfigurar a Machu Picchu en un objeto de deseo del turismo global, dando a conocer el lugar como lo esencial a visitar en lugar de diversificar más en productos o servicios para que este santuario no se vea afectado por la sobrecarga. Vuelve a plantearse que debe ser gestionado desde la condición reducida a objeto turístico, cuyo acceso esté regulado en función de la satisfacción del visitante, dejando de lado el uso público que trate de conservar la autenticidad del patrimonio natural-cultural.

Bali, Indonesia

Desde los años 1970, Bali, fichado por la UNESCO y vendida como la Isla de los 10.000 templos, es el único sitio turístico masivo de Indonesia.

Conocido por sus aguas turquesas repletas de peces, por el buceo y el surf, pero también por sus paisajes naturales como por sus santuarios hermosos, invitando a relajar y a meditar en tranquilidad, Bali sigue siendo victima del turismo de masa.

Esta sobremercantilización no solamente pone Bali en peligro serio, pero también a las islas vecinas, que tienen la suerte (o la desgracia) de ser situadas a proximidad de Bali.

Hordas de turistas, buscando principalmente sol y plaza, llegan a las tres islas Gili, pero especialmente en Trawangan, la más grande de ellas, donde proliferan puestos callejeros vendiendo hongos mágicos (setas) que producen efectos alucinógenos ideales para las fiestas rave de la noche, las que atraen todo un zoo humano incluyendo borrachos y drogadictas.

Muchos son los turistas que se quedan perplejos ante la basura generada por esta forma de turismo. Las playas están cubiertas de arrecifes muertos. Las plazas están dominadas por macro hoteles.

Mientras los dueños de las escuelas de buceo, grupos de ecologistas y la administración indonesia tratan de recuperar los daños hechos en la fauna subacuática y en el medioambiente, sigue la construcción de nuevos hoteles, aún si las autoridades han puesto unos límites: 150 metros del mar y 15 kilómetros de santuarios.

Y todavía quedan por mencionar los efectos que aceleran la pérdida de identidad cultural, como por ejemplo el de la globalización: Bali tiene ya su Hard Rock Hotel como sucursales de muchas otras franquicias internacionales.

Una vez puesta en marcha la industria del turismo de masa resulta casi imposible dar marcha atrás. El éxodo rural cada vez es más pronunciado, debido a la oferta creciente de nuevos puestos de trabajo vinculados al turismo, que también trae consigo un temor a que cualquier tipo de crisis pueda afectar el flujo de los turistas.

Además del gobierno, que en parte se ve impotente frente a la destrucción continua, crece más y más el número de los jóvenes que se unen en movimientos de resistencia contra la degradación de su país, aunque ya han perdido parte de su integridad sociocultural sino socioeconómica.

Masificación turística en Barcelona

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Foto: manifestación en contra de la masificación turística.

Barcelona, como una de las dos más importantes ciudades de España en conjunto con Madrid, ha desarrollado durante los últimos años un proceso de acritud con respecto a los turistas. La masificación turística en alguna zona de la ciudad ha provocado que para algunos residentes, el turismo provoque más problemas que beneficios.

Lo destaca una encuesta hecha por el ayuntamiento que “el 21,4% de habitantes de la Sagrada Familia creen que el turismo es el principal problema del barrio”. En el caso de Sant Pere, Santa Caterina y El Born, un 13,9% así lo opina, frente al 15,8% en la Barceloneta.”

Por otro lado, los residentes destacan, que no es la existencia de turismo en sí, la cual provoque problemas en su ciudad, sino las últimas practicas que se están realizando por parte de los turistas, muchas de ellas vienen unidas por el turismo de masas o turismo de borracheras  que se esta promoviendo por parte de muchas empresas que ofertan las famosas “boatparty” en las cuales incluyen ingentes cantidades de bebidas, lo que más tarde produce diferentes disturbios a la gente que vive en la localidad.

Todas estas consecuencias de un turismo de masas no controlado, ha hecho que la administración pública haya tenido que tomar decisiones drásticas en cuanto a la regulación de hoteles, tiendas de souvenirs entre otros, por ejemplo “Turisme de Barcelona aboga por prohibir nuevos hoteles en el centro”, “se vetará los nuevos pisos turísticos, siendo multados los ilegales con hasta 90.000€”.

Por otro lado, han surgido muchas reivindicaciones con los problemas que surgen con el turismo día a día, hasta la creación de un documental denominado “byebye Barcelona” el cual se destacan que la cuidad se ha convertido en mayoritariamente turistas y que las personas se han ido porque la presión turística en ciertas épocas del año y días es insoportable.

Por último, como se dice en el documental “hasta el residente que menos tenga relación con el turismo, le ayuda en el día a día, porque es dinero que se mueve y es impuestos que se recaudan y generan un beneficio”. Pero la pregunta sería ¿a que precio? por que la llegada de turistas, en exceso, puede producir un retorno negativo.

 

 

 

La cara oscura del Everest

De un tiempo a esta parte, podemos afirmar que el Everest, la cima del mundo, no es lo que era.

Actualmente el problema de la masificación ha superado con creces lo que en los 90, Anatoly Bukreev, guía experto del Everest, comenzó a detectar. Los intereses comerciales y la experiencia no acreditada de los alpinistas para la ascensión han despertado la vulnerabilidad de la montaña. Esta situación conlleva riesgos, no sólo para los que se acercan a este destino, sino también para la propia montaña. Además de las consecuencias del cambio climático, se calcula que cada año se llegan a extraer del “vertedero más alto del mundo” 5 toneladas de basura generada por los alpinistas y dejada a sus espaldas. Es por ello, por lo que el Gobierno nepalí ha tomado medidas al respecto: cada persona ha de bajar 8 kg de residuos propios o ajenos, lo que se calcula que a lo largo de cada año se llegue a recoger alrededor de casi 6 toneladas y media de basura. A pesar de todo ello, no se ha planteado restringir (al menos por el momento) el número de expediciones a este destino.

Por otra parte, y siendo el turismo en el Himalaya la mayor fuente de ingresos de Nepal, la precariedad laboral, la temporalidad de las expediciones y las discrepancias entre sherpas y resto de trabajadores (porteadores, empleados en campo base) están a la orden del día.

Desde abril de 2014, las autoridades han aceptado las condiciones exigidas por los sherpas: seguros de vida y salud. El resto de empleados sigue teniendo salarios cerca de 7 veces menores que los primeros. Esta situación influye negativamente en la economía local y puede llegar a tener consecuencias a mayor nivel en el país.